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El Mont Saint-Michel, la joya medieval de Francia
El Mont Saint-Michel, la joya medieval de Francia
VIAJE AL PASADO

El Mont Saint-Michel, la joya medieval de Francia

Situado en Normandía, se trata de uno de los monumentos más visitados de Francia. Las mareas que convierten al monte en isla o la magia medieval que desprende atraen a los turistas que lo visitan.

Jorge del Caz Martín

Con el auge de las redes sociales, en las que a diario vemos multitud de fotos de maravillosos rincones y monumentos de todo el mundo, pocos son los viajes que nos sorprenden realmente y consiguen dejarnos una huella para toda la vida. Sin embargo, todavía sobreviven tesoros cuyo encanto es tan fuerte que logra superar nuestras expectativas a pesar de las muchas fotografías que hayamos visto de ellos. Uno de estos diamantes en bruto es el Mont Saint-Michel, una auténtica joya medieval del patrimonio francés cuya visita hechiza a todos los turistas que se acercan a conocerlo.

Una auténtica joya medieval del patrimonio francés Una auténtica joya medieval del patrimonio francés

El Mont Saint-Michel, o Monte San Miguel en castellano, se encuentra situado en la región francesa de Normandía. Se trata de una isla rocosa emplazada en la desembocadura del río Couesnon en la que a partir del siglo VIII comenzó a construirse un centro espiritual consagrado a San Miguel Arcángel, a quien la leyenda atribuye tres apariciones milagrosas. Este monte renace cada día de las aguas gracias al juego de las mareas de la bahía en la que se localiza, siendo este el principal motivo que atrae a los miles de turistas que se acercan a descubrir este sorprendente lugar.

Este rincón del noroeste francés desprende magia, belleza, naturaleza, tranquilidad, historia y arquitectura. Es el destino perfecto para un apasionado viajero que busca autenticidad. Recorrer sus calles, subir hasta el punto más alto de la abadía, contemplar desde alguna de sus terrazas la crecida de la marea, sentir el aislamiento en la isla cuando la rodea el mar o alojarse en alguno de sus coquetos hoteles son muchas de las cosas que puedes hacer y sentir en esta joya medieval de Francia. En Bekia Viajes te contamos todo lo que tienes que saber para preparar a la perfección tu escapada al Monte Saint-Michel.

Cuándo visitar el Mont Saint-Michel

Situado a tres horas y media de París, el Mont Saint-Michel se ha configurado como uno de los lugares más visitados de Francia, haciéndole sombra a la propia Torre Eiffel. Sin embargo, para no perderse el espectáculo de sus mareas, que son de las más fuertes de toda Europa, es importante conocer los meses concretos en los que es recomendable visitarlo para vivir las más intensas. A principios de febrero y marzo, y a mediados de agosto, septiembre y octubre, tienen lugar los días idóneos en los que el Monte Saint-Michel se convierte en una verdadera isla.

Es uno de los lugares más visitados de FranciaEs uno de los lugares más visitados de Francia

Es importante llegar dos horas antes de que comience la subida del mar, que llega a alcanzar los 15 metros, para poder disfrutar al máximo de esta maravilla natural, así como revisar en la página web oficial de la Oficina de Turismo del Mont Saint-Michel las horas y días concretos en que tendrán lugar las mareas. A pesar de todo, cualquier momento del año es bueno para visitar el monte, ya que incluso cuando llueve tiene un encanto especial gracias a la niebla que se genera en las calles del pueblo que rodea la abadía, pareciendo que te trasladas a una auténtica película o serie de época.

La abadía del Mont Saint-Michel

Desde hace mil años una comunidad benedictina es la perpetua moradora del monte. La abadía en la que habitan es uno de los monumentos más importantes que se construyeron en Francia durante la Edad Medieval y su historia se remonta al año 708, cuando se levanta un pequeño templo en el monte dedicado al Arcángel San Miguel, ermita que pronto se convierte en uno de los principales centro de peregrinación de todo el país. Sin embargo, la llegada de los benedictinos dos siglos más tarde dará paso al esplendor del Monte Saint-Michel, que se irá transformando poco a poco hasta conseguir la forma que hoy en día contemplamos, a pesar de los muchos derrumbes e incendios que han marcado su paso el tiempo a lo largo de sus mil años de historia.

El único lugar del monte por el que hay que pagar para visitarloEl único lugar del monte por el que hay que pagar para visitarlo

La Abadía de Saint-Michel es el único lugar del monte por el que hay que pagar para visitarlo. Estilos carolingio, prerrománico, románico, gótico y toques clasicistas dan forma a este bello conjunto arquitectónico declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979, aunque ya en el siglo XIX el monte había sido declarado Monumento Histórico. Más de 20 salas se pueden visitar, destacando la Capilla de Notre-Dame Sous-Terre, de estilo prerrománico del siglo X, la iglesia de la abadía, que presenta una fachada clásica del siglo XVIII, un coro gótico flamígero del XV y una estructura románica, o el claustro del conjunto monacal, que sobresale por sus arcos románicos y por el jardín medieval que lo decora, siendo realmente curioso que este no se encuentre situado en el centro del recinto.

La abadía corona la cima del Mont Saint-Michel, por lo que desde ella se contemplan las más bellas panorámicas de todo el pueblo medieval que rodea al monasterio. Especial atención merece la explanada de la terraza oeste, puesto que desde ella se observan las mejores vistas del mar, por lo que es en este punto donde deberías situarte para disfrutar del momento exacto en el que el monte se convierte en una verdadera isla cuando la marea sube. Desde las alturas, este fenómeno natural te hará sentir un diminuto turista mientras las aguas parece que tratan por ahogar a una abadía que lleva un milenio haciéndoles frente.

Paseando por las calles del Mont Saint-Michel

Antes de llegar a la abadía, el paseo por la única calle que recorre todo el pueblo localizado en el monte es otra de las grandes experiencias que se viven en la excursión a este recóndito lugar de Francia. Se trata de una avenida muy estrecha en la que se levantan casas de piedra y de entramado de madera, recordando a las escenas de la Edad Media. Durante el día, el bullicio de gente hará que la calle parezca todavía más estrecha, mientras que si optas por una visita a última hora del día, justo antes de que caiga la noche, no te encontrarás con tantos turistas, ya que el monte no alcanza los 100 habitantes, por lo que los viajeros son los únicos transeúntes del lugar.

El bullicio de gente hará que la calle parezca todavía más estrechaEl bullicio de gente hará que la calle parezca todavía más estrecha

La iglesia parroquial del siglo XII, también dedicada al Arcángel San Miguel, es otro de los atractivos culturales del monte. Se trata de un templo románico, oscuro e iluminado con velas, por lo que adentrarse en su interior sobrecoge por el ambiente tan auténtico que todavía conserva. Además, desde este templo comienza la escalera del Gran Degré, formada por cerca de 400 escalones que te conducirán directamente hasta los pies de la abadía. Durante el paseo por las calles del pueblo encontrarás algún restaurante, bar o tiendas de souvenirs en las que podrás comprar algún recuerdo de este impresionante tesoro medieval que enamora a todo el que se acerca a conocerlo y deja con ganas de volver en otra ocasión.

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