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Un día para recorrer los 200 años de historia del Museo Nacional del Prado
Un día para recorrer los 200 años de historia del Museo Nacional del Prado
TURISMO CULTURAL

Un día para recorrer los 200 años de historia del Museo Nacional del Prado

Descubre las obras más importantes que tienes que ver en el Museo del Prado a través de las cuales se han ido contando sus dos intensos siglos de existencia.

Jorge del Caz Martín

María Isabel de Braganza es uno de los personajes más importantes de la historia de Madrid y muy pocos han oído hablar de ella. Fue la esposa y reina consorte de Fernando VII, aunque por lo que verdaderamente ha pasado a la posteridad es por haber sido la fundadora del Real Museo de Pintura y Escultura, el antecedente directo del actual Museo Nacional del Prado. Lo que comenzó siendo un proyecto para exponer algunas obras pertenecientes a las colecciones reales, ha terminado convirtiéndose una de las pinacotecas más importantes y visitadas del mundo. Inaugurado en 1819, su precursora murió meses antes de verlo abierto al público, aunque su espíritu y amor incansable por el arte siguen recorriendo los pasillos y salas del museo, en el que se contemplan algunas de las obras más importantes de la pintura europea. Con el cuadro de Las Meninas como símbolo y estandarte de la institución, año a año se va ampliando la exposición, ya que el museo siempre mira hacia el futuro sin olvidar sus más de 200 años de historia.

Visitantes del Museo del Prado contemplando el cuadro de Las Meninas de VelázquezVisitantes del Museo del Prado contemplando el cuadro de Las Meninas de Velázquez

Junto al Museo Thyssen-Bornemisza y al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el Museo del Prado forma parte del Triángulo del Arte, ubicado en el Paseo del Prado. Además de estos tres grandes centros, este rincón de la ciudad se nutre también de otras salas de exposición, como el CaixaForum, el Museo Arqueológico Nacional o la Sala Recoletos - Fundación MAPFRE. El Parque de El Retiro o el Jardín Botánico añaden la nota científica y naturalista a la zona, formando un importante conjunto que aspira a ser declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO bajo el nombre "El Paseo del Prado y El Buen Retiro, Paisaje de las Artes y de las Ciencias". Sin embargo, y aunque todo depende de los gustos y preferencias de los visitantes, el principal protagonista el lugar es el Prado, cuyos más de dos siglos de historia se pueden recorrer durante toda una jornada dedicada a la contemplación de las más exquisitas obras que fueron atesorando reyes, reinas y coleccionistas, hoy al alcance de todos.

De Gabinete de Historia Natural a Museo del Prado

El Rey Carlos III ha pasado a la historia como "mejor alcalde de Madrid" por la gran cantidad de obras de remodelación y modernización que llevó a cabo en la capital de España. Su mentalidad ilustrada, filosofía que seguía la premisa de "todo para el pueblo, pero sin el pueblo", le llevó a acometer la construcción de algunos edificios que albergasen instituciones científicas con las que la ciudad se pondría a la altura de otras capitales europeas. Una de ellas era el Real Gabinete de Historia Natural, para lo cual el monarca ordenó a su arquitecto de cabecera, Juan de Villanueva, la construcción de un templo dedicado a las ciencias en el Paseo del Prado. El resultado fue el que hoy en día se conoce como Edificio Villanueva, que destaca por sus trazas clásicas y la planta basilical, colocándose la primera piedra en 1785. Sin embargo, la invasión francesa de la mano de Napoleón provocó que las obras se paralizasen y el edificio sufriera importantes daños, lo que obligó a su restauración.

El Edificio Villanueva destaca por sus trazas clásicas y la planta basilicalEl Edificio Villanueva destaca por sus trazas clásicas y la planta basilical

Nunca la sede del Museo del Prado llegó a ser Gabinete de Historia Natural, porque cuando la construcción del Edificio Villanueva finalizó, María Isabel de Braganza ya había convencido a su marido para poder hacer uso del mismo e instaurar en él un museo con obras de las colecciones reales, con el objetivo de que el pueblo pudiera conocer también y contemplar el rico patrimonio que atesoraba la Corona. Fue así como nació en 1819 el Real Museo de Pintura y Escultura, aunque su fundadora nunca llegó a verlo en funcionamiento porque había fallecido prematuramente un año antes.

Las entradas que se diseñaron para dar acceso a los académicos y eruditos se transformaron para recibir a los visitantes, siendo cada una de ellas también una maravilla que contemplar: Puerta de Murillo, Puerta de Goya y Puerta de Velázquez. Cada una está dedicada a cada uno de los grandes pintores españoles, destacando la última de todos por ser la principal, aunque no se accede por ella. El friso superior representa a Fernando VII como protector de las ciencias y las artes y, a modo de curiosidad, si se abre la puerta se observaría al fondo del todo la obra maestra del maestro al que se dedica este acceso, es decir, Las Meninas.

La Puerta de Velázquez es la principal, aunque no se accede por ellaLa Puerta de Velázquez es la principal, aunque no se accede por ella

La exposición del Museo del Prado

Comenzando con una exhibición de alrededor de 300 obras de pintura española, la colección se fue ampliando paulatinamente, incorporando a otras escuelas europeas, como la flamenca e italiana principalmente y en menor medida la francesa y alemana. Es por este motivo que expertos en arte han llegado a afirmar que el Museo del Prado es la pinacoteca más importante del mundo en corrientes europeas. No obstante, con la incorporación de todos estos tesoros, el Edificio Villanueva no era suficiente para albergar a todo el conjunto, por lo que con el paso de los siglos se han ido incorporando nuevas sedes. La historia del museo ha continuado escribiéndose en el claustro de Los Jerónimos, el Casón del Buen Retiro y continuará también en el Salón de Reinos, otro de los edificios que pertenecieron al portentoso Palacio del Buen Retiro y que será acondicionado para ello.

También existe el llamado "Prado disperso", término que se ha acuñado para referirse a los más de 3.000 cuadros que el museo tiene repartidos por diferentes rincones de la geografía española, sin olvidar que los sótanos de la sede principal son otro museo aparte. De hecho, fue en ellos donde se descubrió en 2012 la réplica de La Gioconda de Leonardo da Vinci pintada por uno de sus pupilos, por lo que sus fondos subterráneos son la verdadera caja de sorpresas. No es de extrañar la aglomeración de obras, porque mismamente el Museo del Prado también ha sido refugio de numerosas creaciones que estuvieron a punto de pasar a manos privadas tras los procesos de desamortización eclesiástica del siglo XIX, destacando la colección procedente del Museo de la Trinidad, de la que sobresale por ejemplo "La Fuente de la Gracia".

Interior del Museo del PradoInterior del Museo del Prado

Del mismo modo, ha adquirido recientemente nuevas obras, como "La Virgen de la granada", de Fra Angelico, que compraron a la Casa de Alba. No obstante, hay que destacar que no solo cuadros se contemplan en el Prado, sino también ricas esculturas greco-romanas u objetos decorativos. Entre estos elementos hay que hacer referencia al Tesoro del Delfín, un excepcional conjunto de orfebrería heredado por Felipe V, primer Borbón en reinar en España.

Qué obras del Prado no hay que perderse

Como ya hemos dicho, la obra por excelencia del Museo Nacional del Prado es "Las Meninas", del gran Diego Velázquez. Es una de las creaciones cumbre del Barroco español, aunque refleja un gran realismo, ya que representa el momento en el que la Infanta Margarita Teresa de Austria irrumpe en el taller del pinto del Cuarto del Príncipe del Alcázar de Madrid mientras este retrata a sus padres. De las obras de Goya que se conservan en el museo hay que destacar "El 3 de mayo en Madrid", que representa a los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío durante la Guerra de Independencia, o "La maja desnuda", que las malas lenguas dicen que es un retrato de la XIII Duquesa de Alba. Por su parte, de Murillo no hay que perderse la maravillosa "Inmaculada Concepción de los Venerables", rescatada de los franceses cuando expoliaron España durante el período de invasión de principios del siglo XIX.

"El 3 de mayo en Madrid", Francisco de Goya'

Además de los anteriores autores, los tres que nos dan la bienvenida por cada puerta del museo, hay que destacar otros cuantos imprescindibles. De El Greco no hay que perderse "El caballero de la mano en el pecho" y perteneciendo también a la escuela española hay que contemplar "Doña Isabel La Católica dictando su testamento", una maravillosa obra de Eduardo Rosales que representa el fallecimiento de la reina castellana, y "Doña Juana la Loca", de Francisco Pradilla, que plasmó a la reina velando el cuerpo de su difunto marido, Felipe El Hermoso, en mitad del campo. Estos dos últimos cuadros pertenecen al período Romántico español, obras maestras de esta corriente pictórica.

"Carlos V en la Batalla de Mühlberg", Tziano

De las escuelas extranjeras, no hay que perderse "Carlos V en la Batalla de Mühlberg", la famosa obra de Tziano que retrata al emperador a lomos de su caballo, se expone en también en el Prado, siendo una de las obras que se salvaron de la quema del Alcázar de Madrid. De la corriente italiana es también "La Anunciación", de Fra Angelico, que decoró en su día la Iglesia de San Pablo de Valladolid y es una de las obras cumbre del Quattrocento renacentista. Tampoco el verdadero amante del arte tendría que perder de vista el óleo de "La Crucifixión", de Juan de Flandes y una de las representaciones más destacadas de la escuela flamenca que se exponen en el Prado y que servía de inspiración a los fieles que acudían a rezar a la Catedral de Palencia, el lugar del que procede. El retrato "María Tudor, reina de Inglaterra, segunda mujer de Felipe II" de Antonio Moro es otro de los que sobresalen, así como "El Cardenal" de Rafael, "Cristo muerto sostenido por un ángel" de Messina o "El lavatorio" de Tintoretto.

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